dijous, 17 de juny de 2010

Sueños a la deriva


Desde que tengo uso de razón, sueño. No estoy exagerando, créanme; no recuerdo una sola mañana de mis 70 años de vida que haya despertado sin recordar fragmentos desordenados de una eterna película. No sabría explicarla, pero esos sueños crean una historia, una vida paralela a la terrenal, de cuyo contenido no soy consciente. Es como si esa vida se me entregara en fascículos, muchos de los cuales no puedo recordar.

Siempre me acompaña un sentimiento de incertidumbre: tengo la sensación de ser consciente de mi historia paralela, sin serlo del todo. Es frustrante, realmente.
¿Y si mi mente está empeñada en decirme algo? ¿Y si estoy perdiendo oportunidades, sensaciones, por no recordar con exactitud lo que sueño? 

Tengo una especie de diario en el que intento plasmar, de forma mínimamente ordenada, los escasos momentos que recuerdo de mis sueños. No es una costumbre productiva, lo único que consigo es obsesionarme con la falta de respuestas. 
Una historia contada a medias es imposible de interpretar. Sé que es algo bueno, tengo buena sensación al despertar, siento felicidad, plenitud. Cuando abro los ojos y la pantalla de mi mente se apaga, empieza la parte monótona, aburrida y triste de mi vida.

Siento que se me acaba el tiempo, que dejaré ambas vidas sin haber disfrutado ninguna de las dos, sin haber vivido con toda la intensidad posible cada segundo. No puedo evitar esperar ansiosa la llegada de la noche, para sumergirme en mi vida de sueño, y ser completamente feliz, aunque al despertar no sea consciente de ello. Por lo menos esas horas, minutos o segundos, enriquecen mi mente, y quedan reflejados en mi subconsciente. 

Espero ser consciente algún día, antes de que sea demasiado tarde, de esa parte de mi vida que quiere que sea feliz. Me aterra pensar que mis sueños se alejan, a la deriva, para convertirse en simples recuerdos, abstractos e incompletos, cuya magia no voy a poder disfrutar plenamente.

Es hora de dormir. Mis ojos se cierran impacientes, mi mente desea expresarse y yo ansío escuchar lo que tenga que contarme. Al fin y al cabo todo en la vida es sueño, aunque los sueños, sueños sean.

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