dijous, 18 d’agost de 2011

En esta noche que se acerca...

En esta noche que se acerca, se cumplirán 75 años del asesinato de Federico García Lorca en manos de los fascistas.
Poeta del pueblo, se ha convertido en el símbolo de lucha por la memoria histórica. Federico no murió, lo mataron, lo asesinaron por pensar y sentir libremente, privando al mundo entero de su mágia literaria y musical.
Sirvan estas palabras para condenar el terrible crímen que hizo que el mundo llorara sangre, así como para recordar a Federico García Lorca, que ya es eterno.


MUERTO, PERO NO SE MURIÓ SOLO



I



Muerto, sí,

pero no se ha muerto solo.



No se ha muerto solo:

lo han estado matando infinitamente

delante de nuestros ojos

y nos hemos quedado callados.



Muerto.

(Pero no se ha muerto solo.)

Muerto sí, bien muerto

desde hace miles de horas,

muerto desde hace miles de horas, días, meses, años,

bien muerto, bien.



(Muerto, pero no se ha muerto solo.)



No se ha muerto solo:

lo han matado.

Lo han estado matando durante mil,

diez mil, cien mil millones de años.
Lo han estado matando,

han estado ayudándole a morirse,

eternamente,

lo han estado matando infinitamente,

lo han estado, lo han.

Desde el principio de Mundo,

desde que inventaron

el Dios Jus-ti-cie-ro-y-Cas-ti-ga-dor,

desde que se escribió por primera vez la palabra Infierno,

desde el Calvario, desde la muerte de Isabel de Castilla,

desde que el cura Hidalgo fue excomulgado

por lanzar el grito de la independencia mexicana,

desde que los hermanos Lumière proyectaron las primeras

imágenes con movimiento,

desde que Echegaray y Benavente y Juan Ramón ganaron

el Premio Nóbel de Literatura,

desde las Naciones Unidas,

desde Washington y Moscú,

desde el Vaticano, desde siempre.



No. No se ha muerto: lo han estado matando,

matando.



II



Fue una mañana temprano,

19 de agosto de 1936,

un rato antes del alba

-         o quizá solamente tres minutos antes o dos.



Pero no se murió solo y tú lo sabes

y yo lo sé,

pero no lo saben todos los que deben saberlo,

pero no lo saben todos los españoles,

pero no lo saben todos,

pero no lo saben,

pero no.



¿Y se ha estado de verdad muriendo desde el Principio,

desde que sólo era el Verbo?

¿Lo han estado de verdad matando infinitamente

delante de nuestros desorbitados y tontos ojos?

¿Y nos hemos quedado callados?

¿Nos hemos quedado callados?

¿Nos hemos quedado?

¿Nos hemos quedado de verdad callados

tanto tiempo a través de la historia?



(Y ni siquiera hemos intentado arrancarnos los ojos y comérnoslos,

como quería su amigo Pablo, el chileno.)



III



Anoche estuve una vez más

hablando con él en mi sueño

y volvió a contármelo todo

y volvió a decirme como siempre

que no quería venganza.

Que no quiere, que no.



Venganza. Pero, ¿quién está pidiendo venganza?

(¿Venganza? ¿Y qué arreglaríamos así?)



¿Verdad que no, verdad que tú no estás pidiendo venganza?

Yo no,

nosotros no estamos pidiendo venganza para nadie.

(La venganza es un concepto bíblico: “Vivirás condenado

el resto de tu vida a ganar el pan con el sudor de tu frente”;

no me gusta abstraerme,

no me gusta tener que abstraerme:

“eternamente en el fuego del infierno,

por los siglos de los siglos, amén”;

no seré yo quien le vengue, ni mi Dios tampoco.)



Hombres, mujeres, niños:

no es venganza lo que pedimos.

Vivos y muertos de todos los países y siglos, sabed:

no pedimos venganza, no pedimos venganza, no pedimos venganza.



IV



Yo no,

Nosotros no pedimos venganza.

Que no, que no pedimos venganza.



Sólo queremos que nuestros hijos aprendan

una España diferente a la España que limita al norte

que nos fue enseñada a nosotros.

(Yo no,

nosotros no estábamos en este mundo

cuando nuestros padres aprendieron

a tragarse sus penas y matarse unos a otros.)



Sólo queremos unas cuantas cosas,

unas cuantas cosas necesarias y justas,

unas cuantas cosas a las que tenemos derecho

-         simplemente, como hombres, ¿no?-,

unas cuantas cosas que otros hombres tienen,

unas cuantas cosas.



Queremos, por ejemplo, que los libros

que estudien nuestros hijos

digan Amor en la cubierta y en el lomo,

digan Amor en lugar de Fin,

digan lo Bueno y lo Otro,

digan que Dios no puede querer una guerra,

digan la Verdad y la Otra Verdad,

digan que Cristo puso la otra mejilla

en vez de contestar y salir corriendo,

digan que la guerra  no puede ser bendita,

digan que hay sangre buena y sangre buena,

digan que Cristo ordenó a Pedro guardar la espada,

digan que todos somos hermanos,

digan que todos somos hermanos, pero de verdad,

aunque ellos no vayan a la misma iglesia que vamos nosotros,

digan que todo somos,

aunque ellos no vayan a ninguna iglesia

ni crean en ningún cielo,

digan que todos somos hermanos,

aunque los otros sean negros,

aunque los otros sean amarillos,

aunque los otros sean rojos,

aunque los otros sean,

digan que todos

digan que todos somos hermanos

y los hermanos no nacen para matarse

(lo de Caín fue la primera gran mentira de la Historia),

digan que todos somos hermanos,

digan que todos somos,

digan que todos

digan que digan.



Yo no, nosotros no pedimos venganza.



Nosotros sólo queremos

que a nuestros hijos les digan

(pero no en la casa y como un secreto)

les digan todo lo que pasó,

les digan todo lo que está pasando,

les digan todo lo que haya pasado,

les digan todo lo que pase siempre,

les digan todo, todo. Todo.



Y les digan también que Federico no se murió solo.





Eduardo Castro. Homenaje lírico a Federico García Lorca.




2 paraules:

Mari Cruz ha dit...

Genial, como siempre, llegándonos al alma...
Y no hablo de Lorca, que también ;)

Lara ha dit...

:) qué bonita eres, gracias por leer siempre, siempre, siempre, todo.

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