dilluns, 2 d’agost de 2010

Dime, Testigo del Tiempo...


Recuerdo con gran nitidez el momento en que te conocí, hace mucho tiempo ya. Causaste en mí tal impresión que todavía ahora sigo sintiendo hacia a ti la admiración de la primera vez. Hace falta tanta humildad para mirarte... 

Tu nombre dice ser Esfinge, la Gran Esfinge; tu edad, unos cinco milenios; tu misión, ser guardiana eterna de las pirámides de Gizeh, maravilla del mundo antiguo, imagen exacta del cielo en la tierra, recuerdo de un cielo que se fue, que no es el mismo que vemos ahora.

Eres increiblemente hermosa, majestuosa y elegante, serena e imponente; inspiras respeto, seguridad, grandiosidad por doquier. Has sido testigo del tiempo, pero ¿desde cuándo? tu rostro parece más joven que tu cuerpo.

A tu alrededor se respira un aire de misterio muy intenso y se sabe tan poco de ti que ya no me es posible creer nada de lo que algunos afirman con total seguridad.

Dime, Esfinge, si es que ese es tu nombre, ¿cuál es tu verdadera identidad, tu verdadera edad, tu verdadera misión? ¿cuál es ese secreto que tan celosamente has guardado siempre?
Tengo la esperanza de ser respondida algún día, y que la respuesta sea la que estoy esperando. Quisiera oír de tus labios si realmente eres legado de una especie claramente superior, humana o no, que quiso decirnos algo con tu presencia. Es evidente que tus raíces no son egipcias; lo más probable es que, cuando Egipto nació, tú estuvieras esperándolo.


Dime, Testigo del Tiempo, ¿dónde buscar?

1 paraules:

Anònim ha dit...

Comparto la idea y me quito el sombrero ante tal escrito.
De casualidad encontré tu blog, y te visitaré a menudo ;)

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